Diego Sinniger

Diego Sinniger

LIOV

Sobre la Compañía

Diego Sinniger se denomina como un artista “sin etiqueta”. Le apasiona cualquiera forma de expresión artística que [a]profundice dentro de la sensibilidad del individuo. Su principal eje es el movimiento, donde se define como coreógrafo y bailarín que desarrolla su movimiento desde una técnica que denomina como “consciencia muscular” (una mezcla de la suma de años viajando entre diferente culturas como la danza contemporánea, el hip hop, el circo e incluso las artes marciales). Empezó dentro de las danzas urbanas formándose principalmente en España y Nueva York. Trabajando en proyectos nacionales [h]e internacionales, tales como Brodas Bros, Uniq, Dblock, a base de bases, entre otros…

Paralelamente se formó en danza contemporánea en diferentes ciudades (España, Francia, Bruselas y Alemania), cursando diferentes formaciones y festivales como Varium (Barcelona) Cobosmika seeds (Palamos), Festival Deltebre danza,etc.En su estancia en Bruselas,tomó clases con coreógrafos como Wim Vandekeybus, Elena Fokina, Peter Jasko, Anton lachky, Jordi Cortes, Laura Aris, Francisco Cordoba…

A sido intérprete y coreógrafo de los espectáculos DISCONNECT, LIOV y PAH. Y en los últimos 5 años a trabajado con diferente compañías, como Lali Ayguade Company (UN AND MI, KOKORO, SABA), Róser López Espinosa (NOVIEMBRE), Ziomara Hormaetxe (BIOPIRACY), Cia. Cobosmika (O.T.A, SCRAKEJA’t), entre otros…A día de hoy se interesa mucho por el teatro y métodos de interpretación como el método Stanislavsky o, más aún, el método Lecoq (Jacques Lecoq).

“Siempre puedes descubrir o tomar consciencia de algún músculo de tu cuerpo que te dará infinitas posibilidades de movimiento”.

 

Sobre la Pieza

LIOV reflexiona sobre el impacto que causa en nosotros la vivencia de experiencias de lucha interna y externa, y ofrece así una doble lectura: por un lado, representa la lucha íntima y la dualidad que habita en todos nosotros cuando queremos dejar ir lo que nos pesa y seguir avanzando en la vida con entereza y libertad. Por el otro, muestra como nuestros conflictos internos se proyectan también sobre nuestras relaciones y expone la fina línea que puede existir entre el amor y la violencia, entre víctima y agresor, entre el deseo y el abuso.

Cuando uno siente la necesidad de liberarse de esa carga que nos incapacita para desarrollarnos con plenitud, surge la oportunidad de una apertura. Al otro lado de la puerta, encontramos al monstruo: una sombra que nos acompaña y refuerza nuestros miedos, impidiendo que nada se transforme. Debemos encararlo y tomar una decisión: ¿escisión o reconciliación? En cualquiera de los casos, se hace necesario salir de nuestra zona de comfort y aceptar lo incierto. Hace falta aplomo. ¿Quién es más valiente: el guerrero o el que abandona la lucha y ofrece perdón?

En LIOV, dos personajes —que son también uno solo, y somos todos— se enfrentan en escena, empujados por el conflicto entre sus deseos opuestos: sobrevivir vs. vivir bien. Uno de ellos decide rebelarse ante sus propias heridas y miedos: encara un duelo contra su propia máscara, cuyo peso se le hace ya insoportable. Para desmontar esa coraza necesitará tocar fondo, hundirse definitivamente. Sólo desde la rendición final podrá llegar a descubrir que su máxima fuerza reside en el amor a uno mismo y en la ternura y la compasión hacia los demás.

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