│CORPO GOURMET│PRISMA, el preámbulo*

Corpo Gourmet ha sido pensada y diseñada como una experiencia escénica para los cinco sentidos.

Por Salvador Medina Barahona (Corpoescritor de PRISMA)

 

1.

Son las seis y treinta de la tarde. El primer grupo de espectadores sube las escaleras de la entrada principal de la Mansión Heurtematte, un hermoso y magníficamente bien conservado palacete de tiempos de la preguerra (1939) enquistado entre las calles 49 y 50 y la Avenida Federico Boyd. Aquel sitio, que ocupa casi media cuadra, es una rareza que ha resistido los embates de la modernización y se mantiene en pie protegida por una exuberante flora endémica y vistosos jardines.

 

2.

Nada más ingresar, queda uno maravillado ante el exquisito interior de la casa que nos han invitado a recorrer a la libre mientras se disfruta de una bebida suave o espirituosa. Sobre las siete de la noche, los invitados ya hemos intercambiado saludos (discretos o amistosos), conversado y puesto nuestra mirada sobre los rincones, los cuadros, las ánforas, los muebles; en fin, un elegante, variado y armónico conjunto de marcado acento cosmopolita.

 

3.

De pronto, una sonora y continua carcajada nos saca de nuestros respectivos miramientos y departiciones. Y esta va cediendo paso a la voz de su dueña, la efusiva anfitriona quien, vistosamente ataviada de verde bosque, con un llamativo tocado de vegetales y cubiertos de mesa ―como si de una divinidad de los placeres anacreónticos se tratara― nos convida a concentrarnos en uno de los pasillos contiguos al recibidor para darnos la bienvenida, ¡así como las instrucciones del juego!

 

4.

La experiencia será lúdica antes, durante y después de cada escena de ocho minutos de duración. Cada espectador podrá elegir solo cuatro de las ocho propuestas del menú, diseñadas y preparadas en sus aspectos escénicos y gastronómicos con un esmero digno de ser ovacionado. Habrá guías con un limitado número de pases y, a la primera campanada, uno tendrá que ir en busca de su primera elección. A la segunda, será llevado en grupo al sitio de la intervención elegida, se le ubicará cómodamente, recibirá su vianda y aguardará a que suene el tercer campanazo. Entonces todo ocurre en ocho escenarios diferentes. La dinámica se repetirá hasta que todos hayan visto sus cuatro escenas, sin un orden particular. ¡Pero algunos tuvimos el privilegio de quedarnos a la segunda función para verlas todas!

 

 

 

M E N Ú [8/8]

  1. Antropofagia

Tartare de atún en leche de tigre sangriento, arroz salvaje y chile dulce

Mientras degustamos de esta sugestiva y balanceada ración, frente a nosotros sucede la angustiosa espera de un grupo de comensales masculinos. Mesa de mantel blanco. Tics nerviosos. Vegetales crudos. Tenedores. Cuchillos. La señal. El primero que falla es la víctima en una especie de juego de selección fatal. Su antebrazo derecho, cubierto con desespero con trozos de vegetales y sazonado al gusto, va a hacer devorado con fruición a punta de pinchazos de tenedor. Luego, será a otro de los comensales al que le cubrirán el rostro con verduras. Y el primero en haber sido alimento para sus pares ahora se crea una pareja masculina (usa su saco, le injerta un rostro de lechuga), baila con él apasionadamente hasta caerle a mordiscos y devorarle la cara. Después será la amputación del miembro viril del que antes había sido tapizado de hortalizas, simbolizado aquel por un pepino: da instrucciones de cuidado ambiguas y, ¡zas!, es paralizado ante el corte contundente de un cuchillo: el miembro escindido en dos. La escena va subiendo de intensidad hasta cobrar aires esperpénticos. El olor de lechuga se acentúa en el pequeño cuarto donde estamos. Hay una exacerbación de los sentidos, un clímax orgiástico, la farsa de una Edith Piaf sobre la escena dislocada burlándose de todo y todos, incluida ella misma. Salida abrupta del grupo al parar la música. Portazo y encierro. Nosotros, los espectadores, con ojos de plato.

  1. Retrato de familia

Huevos endiablados de gallina ponedora con salmón y caviar de millo

En la casa de muñecas, frente a la mansión. Por la ventana iluminada con guirnaldas de luz, aparecen al tercer campanazo dos gallinas divertidas, seductoras, tiernas y traviesas, que son la derivación de una idónea combinación de mimo, danza oriental y teatro de marionetas. No cesan de festejar al “huevo”, signo de su prolongación, y elemento de conflicto. Expresivo, lleno de gracia y conmovedor a la vez, este cuadro es una fábula, sin moralejas escritas, en la que sin embargo hallamos la celebración de la fertilidad, la salva detonada de la competencia, la asistencia invasiva y casi violatoria durante el acto de “postura” , y el celo, el instinto asesino, la autofagia como conducta atávica, animal, el regurgite.

 

 

  1. Muros de silencio

Alfajor de manjar blanco y bacon crocante

Escalinata de entrada principal. Cajitas doradas de confitería sobre sillas. Cada espectador toma la suya, se sienta, la abre y paladea, al borde del orgasmo gastronómico, el alfajor. Es unánime: se trata de una verdadera delicia. Luego la música, el ascenso de la bailarina por la escalera y la caída en control. La cuesta arriba y los exordios de la gravedad. Acertijo verbal en algún punto de la escena, monólogo de una neurosis: un Toc del orden. La puerta-verja como restricción, como muro. El intento de salir y la liberación coartada por el mecanismo de bisagra elástica. Solo la música inunda el silencio. No hay otra forma de romperlo salvo por inscripción de mensajes en trocitos de papel que caerán como confetis en la parte baja de la escalera, cuando no haya salida, y, al final, cuando sean un lenguaje de sílabas blancas cayendo dispersas en la conquista de la cima, el último escalón del silencio.

  1. Bajo tu piel

Trío de pinchos: marisco, carne y vegetales marinado con mantequilla al ajo y naranja

Los pinchos, humedecidos al gusto con salsa de ají dulce, muy bien balanceados… Una bailarina se desplaza en el patio andaluz con fuente al centro. Empiezan a caer naranjas del otro lado de la cerca del fondo. Se integra la segunda bailarina e interacciona, juega con la fuente, el agua, mientras la primera va pelando una naranja, o sacándole pedazos con las uñas. El zumo impregna el aire. Las naranjas serán en algún momento del trayecto puntos de unión, pequeñas piedras-puente que aseguran el tránsito hacia qué penumbra. La tarde se puso íntima como una pequeña plaza (sic, Lorca). Debería decir noche.

  1. Sangrando en el cielo

Falsa hamburguesa y papas

Patio boscoso. Llamativa figura de rojo en las alturas: un hombre elegantemente ataviado con sombrero de copa oficia la mirada incisiva sobre sus dominios; parece ser el anfitrión de un acto circense. Abajo, como en un círculo ritual, el cuidador de animales somete a una fiera hembra, la amedrenta azotando el cabo de la cuerda con que la mantiene amarrada. La humilla, la posee. El de las alturas baja y entra en disputa. ¿Intenta acaso protegerla de los abusos del cuidador? Ella es liberada. Ascensos. La hembra suelta el cordón por el que más tarde asciende su verdugo. En este va fijado su propio hilo de sangre, la visión profética de su aparatosa y fulminante caída.

  1. Memento Mori

El Sancocho que se creía Ramen

Piscina bajo las estrellas. Sílfides del agua, no del aire. O del agua que es aire. O sirenas con pies, y luego cola. Encanto, en fin, aquelarre acuático. Las sombrillas blancas y los vestidos gris escama acentuando el eje fantasmal de los desplazamientos. Si el sancocho que se creía ramen fue una cierta y exquisita ilusión, ellas también lo fueron. Nos lo hicieron creer.

 

  1. El jardín de las delicias

Tomates y frutos del bosque, burrata y miel de balsámico

Balcón. Escena en la parte baja. Los peligros de lo frívolo y el alto precio de verse “bellas”. Paraguas luminoso, animación de los objetos. La cosificación (robotización) del engranaje de humanas presencias femeninas. Propuesta gastronómica: grata al paladar, balanceada.

  1. Ausencias

Pastel de bodas desnudo

Comedor principal. La sensualidad de la amada ausente activada en la ronda del recuerdo. Desplazamientos mágicos en una celda de espejos que abren la escena en varios planos simultáneos. Flujo y reflujo: ese hombre persigue su recuerdo, ese hombre es perseguido por su recuerdo, que es la cara otra del olvido. Ah, la omnipresencia sensitiva de ella, rosa negra entre pétalos rojos, mancha oscura en la larga viudez del amante decrépito.

P.D. No quedó pizca de pastel sobre la mesa.

 

 

*El sábado 29 de septiembre de 2018, como antesala a su séptima versión, la producción del Festival PRISMA, junto con el proyecto WORLDROBED, presentó un espectáculo que integró el arte, la gastronomía, la arquitectura y el encuentro social en la mansión Heurtematte (ubicada en el otrora exclusivo barrio residencial de Bellavista, Ciudad de Panamá). La propuesta, denominada “Corpo Gourmet”, fue realizada por Omar Carrum, en colaboración con Anniela Huidobro, Karen Marenco y 21 artistas en escena. La parte gastronómica estuvo liderada por Roberto Varela, Rafael Reyes y sus equipos culinarios. Fueron dos funciones extraordinarias a máxima capacidad.

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