Miramos un primer resultado del laboratorio que km29, de Argentina, llevó con un grupo de púberes y adolescentes de Panamá, becados por Prisma. El trabajo nos mira. Nos interpela. Interpela a la danza. El movimiento toma posición.

Sábado 14 de octubre. Instituto Nacional. 16h.

Crónica de una herida anunciada

-Salvador Medina Barahona

Los niños van poblando el espacio de a poco, en parejas, con la fragilidad del movimiento impúber. Pero la timidez de sus cuerpos desaparece y una innata vitalidad los dinamiza. Es la danza poseyéndolos. Luego son una matriz de anatomías ensambladas en medio del salón, moción apelmazada expresando su energía comunal en un círculo de fugas… La dispersión permite acentuar el suceso individual, el paroxismo de cada padecer. Bolsas negras de basura como continentes de soledades quietas, o en tracción de urgencia. Una de esas bolsas en hilachas: pájaros oscuros son lanzados por un ventilador hacia un cielo con límite. Cada paroxismo amaina. Solo han quedado en la tarde húmeda del salón unos cuantos cuerpos en trance. Una menuda figura se integra a la escena y les conmina suavemente a recoger sus pasos. Todos vuelven. Volvemos. (Se sientan, nos paramos.) A qué herida.

pequeñas notas ante unos adolescentes que (se) (re) inventan (a través de) una danza

-bertha díaz

encontrar un lenguaje propio. uno que destierre al movimiento del lenguaje codificado.
la danza no se impone en los cuerpos, se dispone para ellos: los libera y así ella adviene.
permitir que los cuerpos hablen desde su sitio.
desde su edad.
desde sus condiciones físicas, sensibles, desde su memoria,
desde una memoria nueva, inventada, ahora propia, gracias a este juego.
proponer inicialmente, en escena, una pequeña consigna. minúscula.
primero en parejas. hallar lo que puede la paridad: acoger al otro y ser el otro.
escuchar/se. sumar. componer. caminar. desplazarse. juntarse y retrotraerse.
a veces uno, siempre uno.
otras, un pequeño grupo de cómplices que buscan repetición y diferencia.
observar una comunidad que danza, salta, tiembla, vibra.
la adolescencia puede ser un lugar de paso lleno de brillo
(algunos parecemos haberlo olvidado. la danza hoy nos lo recuerda)
el único territorio común: el del juego y la sub-versión
(hacer una versión menor pero potente de la vida).
jugar con elementos cotidianos: un ventilador, unas bolsas de basura
(demasiada carga en un elemento tan básico).
a veces la bolsa de basura es un lugar para guardarse, para envolverse, para cegar un objeto, para segar, para descansar.
transformarlo todo: la bolsa hecha pedazos deviene confeti.
imágenes singulares se encienden:
un muchacho se desliza, gira, el confeti de bolsa de basura es también una bandada de pájaros que lo rodea.
una chica va al límite de su propio cansancio. una belleza nueva se abre en ella.
crece en el estado de agotamiento. se enciende.
otro se mueve en un peculiar trazado. como a otro ritmo. como a otro tiempo.
una pequeña sensualidad lúdica proponen sus gestos.
asistimos a la transformación de un tiempo adolescente
el dolor, el placer, el juego, la complicidad, el extrañamiento
todo junto.
retornamos a ese momento vital. acompañamos. continuamos… siendo otros.
la danza vibra siempre nueva.

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