Ayer, viernes 13 de octubre, se presentó Gramo danse (Panamá), con la obra “La Nacional”, dirigida por Los Innato (Costa Rica). Fue en la estación Albrook del Metro de Panamá. Ya en días precedentes el colectivo costarricense actuó en el marco de este mismo festival con un proyecto solo de ellos.  Pese a que aquel era un trabajo con particularidades coreográficas distintas al mencionado ahora, es reconocible una especie de vocabulario -caracterizado por un trabajo de altísimo rigor físico, casi acrobático a ratos- propuesto por tal compañía, inscrito en los cuerpos de los bailarines de este proyecto en cuestión, así como unos instantes de observación y espera que se plantea en lo compositivo que permiten que se generen pequeñas suspensiones que -a su vez- convocan a que el espectador desarrolle una cadencia peculiar en su modo de observar. Asimismo, una búsqueda de precisión en los detalles que también nos había mostrado Los INnato en su trabajo anterior, volvió a mostrarse ahora en su proyecto con la compañía panameña, lo que provocó que una suerte de búsqueda de la vulnerabilidad de los intérpretes en su encuentro con el otro, de varios modos explícita en esta propuesta (e intensificada por un trabajo de presencia contundente de ellos), acontezca. (Bertha Díaz).

HAY QUE DARSE CUENTA
(emovisiones con leit motiv)

*Salvador Medina Barahona

Predominio de lo físico-emotivo. Sendos abrazos que proyectan su terneza en la fisonomía de un hombre: punto de ignición de una rivalidad que hubieron de exhibir otros dos cuerpos que no han condescendido a esa praxis del encuentro que libera cuando dos o más cuerpos se atan. Danza de contrarios en una espacialidad llena de presencias. Predominio de lo físico-emotivo. Pulsión de marionetas, robotización, horario. Pequeña vastedad y variedad de estados anímicos en el acto de reconocerse, enfrentarse, dominarse, solidarizarse. Dinámicas danzarias en consecuencia de aquella vastedad, expresadas con economía de recursos y no pocas vitalidades. Predominio de lo físico-emotivo. Nos hizo bien, a algunos, el canto, la letra de esa canción que era una optación para Vivir, Gozar, Vivir los sueños. Los abrazos de cierre se sintieron. Fueron una cursilería necesaria, pensarás, devaluando la pulcritud de los tecnicismos a ratos ilegibles. Pero fueron una invitación a la suavidad. Un proselitismo de los buenos afectos. ¿Por qué no abrazar; o promover, tramitar el abrazo, si ese frote con la piel del otro urge?